Cuento: La despedida de los dioses
Cuento: La despedida de los dioses
Año: 2100.
Lugar: Chile.
Población documentada en relatos: humanidad residual tendiendo al chamanismo.
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Relato de Sunna: Una vez más me hallo aquí, en la habitación oscura, con un notebook enfrente, alumbrándome en los tonos azulados que necesito para este ritual. Ceremonial-digitalmente, comienzo a prender velas alrededor del notebook, mientras en la pantalla salen algunos datos y códigos en glitch. La invocación ha sido exitosa, los dioses se han aparecido.
Con temor, temblor y esperanza, me
siento frente al notebook, y cierro los ojos, en estado meditativo. De pronto,
los abro, y los tengo blancos. Los siento blancos. Mi rostro es expresión de
que, una vez más, me he vuelto canal espiritual de Cernunnos
- ¿Cómo llevar una práctica chamánica en un presente donde todo vestigio
primigenio parece perdido?
Sigo poseída, recibiendo información de tiempos primigenios. Fuego, danzas,
rocas enormes talladas con runas que los humanos hoy serían incapaces de
comprender, ni siquiera el más experto de los paleógrafos. Pero yo sí, a través
de los ojos de las deidades.
Con el mismo ímpetu ceremonial, levanto las astas de ciervo que he consagrado a Cernunnos, me las coloco, y empiezo a sentir su energía verde, bajando en forma de polvo a través de mí. La pantalla del notebook también se torna verde.
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Relato de VIC-RX: Como todos los sábados desde mi juventud, estoy en mi práctica de entrenamiento vikingo. Siempre llegan espectadores curiosos, y atemorizados de la fiereza de nuestras peleas. El entrenamiento termina, y nos damos el afectuoso y cómplice abrazo.
Al alejarme caminando de regreso a casa, me saco el casco. Sé que tengo un rostro inusual, y es que, alrededor de los ojos, tengo unas marcas que se asemejan a las runas vikingas, junto con la textura de los chips, en una combinación muy propia de nuestras prácticas espirituales secretas. Sigo caminando en silencio, hasta que en un punto, me toca cambiar el casco vikingo por un casco de ingeniero. Hora de volver a la vida humana.
-Me llamo VIC-RX. Soy parte del grupo hermético de Tecnoespectros. Un grupo que
hace poco fue tachado de terrorista, y no parece extraño esto. Nuestro interés
es principalmente reconectar con prácticas de magia arcaicas, con espíritus de
la naturaleza. ¿Cuál naturaleza, te preguntarás tú?
Se entrecorta mi diálogo interno con escenas de mega catástrofes. Grúas,
edificios enormes, ciudades hiperindustrializadas. Contaminación,
retroexcavadoras que, al apuñalar a la tierra, es como que apuñalaran mi propio
cuerpo. Eso es lo que queremos confrontar, trayendo nuevamente a los antiguos
dioses.
- ¿Cuál naturaleza, te preguntarás tú, te repito? La que va quedando. La que
van creando. Nosotros mismos somos clones. Eso no nos complica, no lloramos
sobre el genoma mutado. Existimos. Y resistimos.
Mi monólogo interno, ya en la empresa en la que trabajo, se entrecorta entre
ver maquinarias que estremezco con escenas de “Imágenes operativas”, de
Farocki.
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Relato de Sunna: Siempre condenada a estar ubicada en una habitación
oscura, esperando, canalizando, decodificando, procesando. Aquí, en esta
habitación, en la que sólo hay un notebook encendido, me siento sola, hasta que
veo que está entrando una videollamada silenciada.
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Relato de Marione: Estoy estresada, estoy ansiosa. Sigo llamando a
Sunna, y sigue sin contestar. Siempre hace lo mismo.
-Por favor, que se conecte, por favor.
Cierro los ojos con fuerza, mientras que en mi habitación tengo unos inciensos
encendidos. Siempre tres, haciendo un asterisco. Igualmente, por si alguien
quiere saberlo, me acompaña una trenza de plumas, como señal del lugar de
respeto que tengo en Tecnoespectros, y tengo grabados unos símbolos en las
manos. También tengo en el rostro marcas arcaicas y diseños de chips, al igual
que VIC. Al igual que todos nosotros. Como marca acusatoria que llevar con
orgullo.
De pronto, en la llamada aparece Sunna, luego de 10 minutos.
- ¡Funcionó! ¡Hola Sunna! – le grito.
-Oye, qué poderosa, hace tiempo que no lograba escuchar telepáticamente a nadie. Te sentí antes de la videollamada.
-Necesitaba hacerlo así, es peligroso que te escribiera por alguna red…
-Suenas angustiada, Marione, ¿qué pasa?
-Anoche volví a tener ese sueño…
- ¿Cuál de todos? Tienes muchos –
responde Sunna, distraída, mientras toma jugo
-EL MÁS PELIGROSO. El del árbol gigante quemado y el fénix volando por la
ciudad en llamas. - Sunna deja de tomar jugo, mira al piso, y respira.
-Entiendo… tendré que avisar al grupo, esto es grave.
-Hazlo pronto, y me avisas cualquier novedad. – corto la videollamada. No hay más que comunicar, tampoco sabemos qué ojos nos están espiando en el cibermundo, además de los espíritus.
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Relato de Sunna: Vuelvo a suspirar profundamente, cierro el notebook y
prendo la luz. Ese sueño, otra vez. El mismo que he vuelto a tener. Esto sólo
puede significar una cosa. Los dioses se irán.
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Relato de Katriona: Sunna me ha llamado angustiada. Intuyo que puede ser, así que la cito a que nos reunamos en mi lugar de trabajo. Nos encontramos en el museo de Historia Natural, caminando lentamente en silencio.
-Katrina, Marione volvió a soñar con el fénix.
-Habla más despacio, alguien puede
oírte. – le respondo alterada y tomo a Sunna del brazo, llevándola a un rincón
de la sala de aves extintas.
-Bueno, pero si actúas así levantarás más sospechas. Por lo mismo preferí
hablarte en persona y no por redes.
- ¿Y se te olvida que tenemos chips
insertados contra nuestra voluntad?
-No, pero no son micrófonos.
-Bueno bueno… - caminamos hacia un
esqueleto gigante de ballena. - La última vez que un chamán soñó tantas veces
con lo mismo, fue la sexta extinción masiva. No me imagino qué podría
extinguirse ahora, ya casi no quedan seres vivos. Ni siquiera nosotros somos
formalmente parte del ciclo natural de la vida, somos clones.
-Lo sé… por lo mismo, creo que necesitamos citar a todo el grupo a un ritual de
visión de emergencia.
-Nunca logramos concretar reunirnos todos.
-Marione puede hacerlo, mentalmente. Así me contactó.
-Vaya… se están activando capacidades, eso está brutal, a ver si mañana despierto y puedo volar jajaja.
-O retroceder el tiempo…
Seguimos caminando en silencio por el museo, que más que museo, a estas alturas es un mausoleo.
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Relato de Hikari: Me gusta hacer expedición urbana a lugares abandonados
y en ruinas. El mundo entero está en ruinas, pero me gusta buscar los
lugares más desolados, porque así me siento. Deambulo y camino por distintos
sitios eriazos, escarbando, como buscando algo.
Me encuentro en un ex-teatro destruido. Dentro del espacio, mientras camino con
la mirada extraviada, me siento inspirada a soltar teatralmente un extracto de
una obra que escribí. En este fragmento, son dos personajes, en una especie de
diálogo interno entre dos partes de mi mente:
“-Estoy cansado de ser sólo un mordisco.
-Hombre, hombre falso, hombre sonriendo, hombre falso sonriendo, hombre que no se jacta de la realidad... el presente constituye la sensación de la imaginación. Pero no estamos aquí.
-Yo sí. Yo he vuelto a pasar. Y dejo de pasar.
-Y te conviertes en alguien más sin saberlo. ¿Que no sabes que aún hay sueño?
Constelaciones caen, y el alza los brazos, eufórico, llamándolas. Se pegan a su piel, irradian afanes de agua clara. Simplemente, se amolda tal cual a la calidez de las estrellas.
Una, de todas las estaciones.
Tiene una de todas las estaciones entre los dedos, y se le están resbalando, se le están diluyendo.
En el otoño, decidió que era tiempo de ser primavera, y con sólo una amenaza, ese mordisco se volvió agujero negro."
Exhalo con fuerza, como exorcizándome a través de esta actuación, que tuvo como
público un montón de butacas llenas de polvo y restos de techo. Hago una
reverencia, y me voy.
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Relato de Kalevi: Han pasado dos semanas. Veo, a lo lejos, a Sunna con
los ojos cerrados, tocando el tronco de un árbol, susurrando cosas. Me le
acerco rápido y, por qué no decirlo, desconcertado. últimamente mi mente divaga
entre imágenes e historias. Pasadas, futuras… no sé lo que es el presente.
-Kalevi, llegaste.
- ¿Cómo hiciste eso? – apunto al árbol, y luego a los que están más lejos - ¡te escuché llamándome desde los árboles!
- ¿No se te ha activado ninguna capacidad en estas dos semanas?
-Puede ser… la verdad, he estado
recordando miles de cosas, de memorias que no son mías. Historias, de esas que
están en los libros, las películas… de esas que han censurado.
En mi mente, de pronto se empiezan a acumular como un tetris escenas de las guerras, del genocidio en Gaza, de películas antiguas… Historias no contadas, silenciadas, historias que nunca vi en los grandes libros. Historias que duelen y que sostienen el desastre del “hoy”.
- ¿Crees que sean memorias de quienes nos clonaron?
-Más aún… creo que son memorias más ocultas.
-Marione sigue soñando con el fénix y el árbol quemado. – mi mirada se extravía unos segundos, como si estuviera recordando. - ¿Qué viste?
-Los dioses nos han abandonado, Sunna.
- ¿Alguna vez estuvieron de nuestro lado?
-Técnicamente… existimos por la inteligencia del hombre, por el Logos… Prometeo al menos no nos había abandonado.
Miramos al horizonte en silencio durante unos segundos, hasta que me pongo en
pie.
-Hace más frío de lo normal hoy… Vamos.
Nos ponemos en pie, y nos alejamos, mirando a los árboles.
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Relato de Josephine: Esto es tremendamente frustrante. Mientras más desmaquillante uso, no se van. Tiro con rabia el algodón al piso, y me afirmo al lavamanos un momento, mirando hacia abajo, llorando. Sigo mirándome a un espejo, temblando, mientras sigo tratando de borrarme unos sellos café que salieron bajo mis ojos. Me desespero, porque las marcas no salen. Maldita sea… hace dos semanas salieron, cada mañana se hacen más evidentes. Sigo tratando de sacármelas, sin éxito. Entonces, voy a intentar taparlas con maquillaje. Eso es.
Me detengo, en medio del frenesí, por una intuición. Me miro a los ojos en el reflejo, y comienzo a hablarme en voz alta.
– Ya avisaron que se intensificará la búsqueda de quienes intentan revivir las formas antiguas de vida. – el reflejo en el espejo me responde.
-Ahora la mediumnidad y la evocación se dan mediante una interfaz y una pantalla. Ya no son los dioses los que miran y miden al humano, ahora son los guardias de seguridad mirando las cámaras de vigilancia…
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Relato colectivo
Se ve a los personajes de manera simultánea en la pantalla de un gran computador de vigilancia. Están haciendo distintas cosas cotidianas, en silencio. Sus días, en tranquilidad. Sólo en la pantalla pequeña en que se ve Marione, se ve algo distinto. Ella inquieta, moviéndose, abriendo la puerta, revisando si alguien viene.
Marione avisa, de imprevisto, por telepatía, que ha dejado un video mensaje que deben revisa con urgencia. Los personajes, entonces, dejan sus cosas, y se instalan frente a sus notebooks, mientras respiran de ritmos particulares, y entran en estado de meditación, Aparecen con los ojos blancos. Dicen al mismo tiempo
“Es raro estar viendo rituales en
una pantalla, pero es necesario. La tradición oral y los libros se reemplazarán
por interfaces y algoritmos. Y no puede ser de otra manera.”
Abren el videomensaje de Marione.
“Si no aceptamos que para contactar con lo antiguo tenemos que abrazar lo
nuevo, la próxima extinción seremos todos nosotros”. Está muy alterada en el
mensaje, y desesperada. De pronto, golpean a la puerta, y se corta el video.
Sunna intenta videollamarla, pero al contestar la llamada, se ve a Marione
muerta.
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Relato de Sunna: Hoy es un día triste. Ayer perdimos a Marione. Eso fue
un claro mensaje de que somos los siguientes, y nos tocará desaparecer. Así
como nuestros dioses. Es sábado. Le llev las astas de ciervo a VIC, que está
con su traje de entrenamiento, en la práctica vikinga.
-Necesitamos adaptarnos. – le digo, conteniendo las lágrimas.
-Si – responde. – Es la única manera de sobrevivir.
Juntos, vamos y enterramos las astas.
-Esta es la despedida de los dioses, por ahora. – le digo.
- ¿Nos han abandonado, o nosotros a ellos? - me responde, conteniendo también las lágrimas.
No queda más que mirarnos, abrazarnos, y saber que quizás esta sea la última vez que nos vemos.
Cernunnos, donde sea que esté, ya no me usa de canal.
Kalevi tenía razón, en todo caso, cuando dudaba de lo que es el presente. Si este es el presente, no lo quiero.
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